lunes, 23 de mayo de 2016

Mesa para uno



Si alguna vez me ven en un restaurante probablemente seré la mujer sentada sola en la mesa de la esquina. Leyendo un libro, quizás. Si no, absorta en mis pensamientos u observando a los comensales a mi alrededor.  

Cuando llego a un restaurante a comer  y me ven entrar sola la pregunta usual  es  “¿Ya la esperan?”   No, la verdad es que me gusta comer sola. Tiene un atractivo especial el poder tomar un descanso del trabajo, de la conversación, de la tecnología y de la interacción social. Tomar un descanso para poder  relajarte y ordenar tus pensamientos.  Dependiendo del día puede ser la única oportunidad que tenga para visitar al libro que de otra manera seguiría abandonado, esperando, paciente, que lo retome.  O el único momento de silencio en una ajetreada mañana.  

Cuando éramos niños nos enseñaron que lo deseable era tener muchos amigos y jugar con ellos durante el recreo.  Era feo cuando te mandaban a hacer parejas en clase y  te quedabas solo.    Si escogías estar solo, seguro era que te sentías mal o te pasaba algo. Parecía que estar sólo siempre era la última opción.

Y es que a veces pareciera que el mundo está hecho para dos. O eso nos han querido hacer pensar. Entradas al cine dos por uno, helados dos por uno, segundo plato principal a mitad de precio, segunda copa de vino gratis. Bueno, la segunda copa de vino nunca ha sido un problema, la verdad.   Pero ¿y qué hay de las cosas que se disfrutan en la soledad? Ir al cine y no negociar qué película vas a ver, o no tener que compartir las palomitas. La lectura. La música. Cantar a voz en cuello en la ducha. Un baño caliente. Un baño caliente con música a todo volumen mientras cantas a voz en cuello. 

No me malinterpreten, tengo muchos amigos  y me encanta compartir con ellos. Me gusta mucho el tiempo en pareja. No soy antisocial. Pero creo firmemente  que hay una magia muy hermosa que sólo se encuentra en el tiempo que pasas a solas.  Los pensamientos que tienes en tu intimidad, pueden resultar de lo más interesantes. Si los contemplas y analizas, quien sabe, quizás puedas aprender algo nuevo sobre ti mismo.  Conocer tus miedos y tus pasiones, lo que te gusta de ti y lo que quisieras cambiar.

A veces, solo es necesario recargar energía en la soledad para poder mantenerte cuerdo y lidiar con toda la sobrecarga de información a la que estamos expuestos todos los días.  Claro, si pueden disfrutar su propia compañía.  


La próxima vez que salgan los invito a que vayan a su restaurante favorito y pidan mesa para uno. 

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